Uno de aquellos juegos “de riesgo” favorito de la chiquillería, consistía en abrazarse a una
Aquel juego, también servía para despertar la natural e inocente curiosidad infantil de los niños, pues se convertía en una estupenda oportunidad de poder verles las braguitas a las niñas. ¡Todo un descubrimiento!.
Aquella farola ya no existe. Una más moderna ocupa su mismo sitio. Pero el lugar, apenas ha
En cambio, lo que no me sorprende es que actualmente no jueguen los niños “a la farola”. Sus padres, no sin razón, no les dejarían. No tenéis más que acercaros por la farola y comprobad, personalmente, la altura desde la que aquellos niños se lanzaban. Y, si os animáis, y no os importa el qué dirán, experimentad lo que sentían aquellos niños y niñas. Yo ya lo hice.

